Lo que descubra hoy, lo borrare mañana, para luego volver a escribirlo otra vez, y lo que deseo descubrir, lo voy a mirar con desconfianza

 

El cosmos es todo lo que es o lo que fue o lo que será alguna vez. Nuestras contemplaciones más tibias del cosmos nos conmueven: un escalofrío recorre nuestro espinazo, la voz se nos quiebra, hay una sensación débil, como la de un recuerdo lejano, o la de caer desde lo alto. Sabemos que nos estamos acercando al mayor de los misterios.
El tamaño y la edad del cosmos superan la comprensión normal del hombre. Nuestro diminuto hogar planetario está perdido entre algún punto entre la inmensidad y la eternidad. Es una perspectiva cósmica la mayoría de las preocupaciones humanas parecen insignificantes, incluso frívolas. Sin embrago nuestra especie es joven, curiosa y valiente, y promete mucho. En los últimos milenios hemos hecho los descubrimientos más asombrosos e inesperados sobre el Cosmos y el lugar que ocupamos en él; seguir el hilo de estas exploraciones es realmente estimulante. Nos recuerdan que los hombres han evolucionado para admirarse de las cosas, que comprender es una alegría, que el conocimiento es requisito esencial para la supervivencia. Creo que nuestro futuro depende del grado de compresión que tengamos del Cosmos en el cual flotamos como una mota de polvo en el cielo de la mañana.
Estas exploraciones exigieron a la vez escepticismo e imaginación. La imaginación nos llevara a menudo a mundos que no existieron nunca. Pero sin ella no podemos llegar a ninguna parte. El escepticismo nos permite distinguir la fantasía de la realidad, poner a prueba nuestras especulaciones. La riqueza del Cosmos lo supera todo: riqueza en hechos elegantes, en exquisitas interrelaciones, en la maquinaria sutil del asombro.

Carl Sagan