Superficie en un horizonte de sucesos

La obra es en sí misma una heterotopía*, un espacio otro, un ámbito tan perfecto, puro y meticuloso, que propicia la vida aún en superficie estéril. Es, concretamente, una instalación transitable, con un recorrido propio, gestante de un lugar real fuera de todo lugar, que en un estado de pureza, se erige en una impugnación mítica y a la vez concreta de la sociedad en que vivimos. En este sentido el proyecto propone una yuxtaposición de piezas que son –o deberían ser- incompatibles por naturaleza.
Es también una interpelación constante al observador que se inserta en un ámbito concreto que es, asimismo, fuente de lo imaginario y generador de su propia ausencia que lo aparta de aquella sociedad. Esta acción le exige su reconstitución en el lugar donde se encuentra y su vinculación con el entorno, transformándose este circuito en un espacio cierto y tangible. Se crea, en consecuencia, un paraje transitable desarrollado a lo largo de todo el recorrido, un recorrido de sonido sordo, de muros blancos y texturados, de suelo rocoso, de penumbra y circulación díscola, de sendero que conduce a la existencia misma de la vida que se hace paso. La iluminación es tenue (de abajo hacia arriba predominantemente) lo que permite, junto a la materialidad y monocromía de las paredes y de la superficie riscosa, eliminar el mínimo rastro de tiempo; no existe amanecer ni ocaso, es un presente inagotable de quien habita el lugar. El paso es contrariado por objetos que descienden desde lo alto y quedan suspendidos en la atmósfera, obligando al transeúnte a tomar conciencia del ambiente que ocupa. De este modo se construye junto con el espectador un contra-emplazamiento limpio e inmaculado, de utopía efectivamente realizada, donde todos los demás emplazamientos reales y contaminados que se encuentran en el interior de la cultura, se hallan a su vez representados, contestados, invertidos, compensados y, finalmente, purificados.
En efecto, este proyecto concibe un emplazamiento verídico que, ligado a un recorte singular de tiempo, pretende aislar al espectador en el espacio que ocupa, situándolo en ninguna parte al penetrar en un medio real pero con la propiedad de mantenerlo excluido de todo. Este observador habitará un medio ambiente sin tiempo ni lugar determinados, pero a la vez verídico y perceptible.

Maria Gracia Paoletti